Atopía y asma: Una relación tortuosa
La atopía (en griego
“lo extraño”, “lo que carece de lugar”,), es un vocablo que fue
creado a medida por el filólogo Edward Delevan Perry (1854-1938, profesor de
idiomas en la U. de Columbia) a pedido de Arturo Fernandez Coca y de Robert
Anderson Cooke, precursores de la
Alergia y la Inmunología modernas. Desde el momento de su creación, se ha
empleado de un modo ambiguo:
1. Para
aludir a un grupo de enfermedades que tienden a presentarse en familias,
como el eczema, el asma, la rinitis alérgica y otras.
2. Para definir una condición caracterizada por la producción de IgE específica ante alergenos ambientales comunes, o con mayor precisión: producción de IgE dirigida hacia los epitopes expresados en alergenos comunes del medio ambiente.
► De manera más práctica podría afirmarse que la atopía
es la presencia de por lo menos una prueba cutánea de alergia positiva (o en su
defecto un nivel elevado de IgE específica) a un alergeno común del medio
ambiente.
Sin embargo resulta
paradójico que,
1) por un lado, las formas no-atópicas de estas
enfermedades también suelen agruparse familiarmente y por otro
2) la presencia de IgE especifica en otras condiciones
como la alergia a himenópteros, las parasitosis o ciertas inmunodeficiencias no
constituye necesariamente una expresión de atopía.
Sin embargo algunos
sostienen que la IgE se encuentra implicada en casi todos los tipos de asma,
incluyendo aquellos con pruebas repetidamente negativas (producción local sin
expresión sanguínea).
La atopía es una condición, no una
enfermedad
► Aun así la atopía debiera ser entendida como una
condición y no como una enfermedad. Un estado que predispone a quien lo
presenta a responder con linfocitos TH2 ante determinados antígenos.
Prevalencia de atopía y relación con
el asma
La prevalencia de atopía ha
sido estimada en un 30 a 50 % de la población de los países desarrollados
► A pesar de su alta prevalencia y de constituir uno de
los principales factores de riesgo para el desarrollo de asma
(especialmente en niños y adultos jóvenes), sólo un 10 % de los atópicos
se vuelven asmáticos.
Sólo al evaluar la intensidad
de la atopía (la cantidad de pruebas cutáneas positivas a diversos
alergenos o el volumen sumado de
todas las pápulas) es cuando la
correlación con el desarrollo de asma e HRB pareciera ser más lineal.
Algunos estudios han
sugerido que un 50 % de los casos de asma se relacionan con atopía, mientras que
otros le atribuyen a esta condición un rol aun más relevante y sostienen
que más de un 80 % de los casos de asma infantil y hasta un 60 % de los
pacientes adultos presentan evidencia de atopía
La capacidad de montar
respuestas intensas con IgE es un importante factor de riesgo de asma y
contribuye a los síntomas episódicos de muchos pacientes
► El momento en que ocurre la sensibilización a los
alergenos parece ser de suma importancia:
Aquella que sucede antes
de los 6-8 años, se asocia de un modo más contundente con el
desarrollo de asma, no así la que se manifiesta en la adolescencia o la edad
adulta..
El asma crónica que se
desarrolla entre la edad escolar y la adolescencia suele asociarse con pruebas
cutáneas positivas a aeroalergenos, con IgE elevada o con ambas. Pero el
mecanismo causal no pareciera asociarse con un alergeno particular o especial
sino con una alteración en la regulación de las respuestas a los alergenos, con
el potencial de reaccionar con IgE como anticuerpo.
► Debe destacarse que en los adultos el asma puede
acontecer en ausencia de atopía, especialmente en aquellos que manifiestan
formas más severas y crónicas o se asocian a agentes ocupacionales.
Todo esto ha conducido a
algunos investigadores a sugerir que la atopía es un fenómeno paralelo más
que secuencial en el desarrollo del asma y que es responsable también de
promover una respuesta anómala de los tejidos. Se han realizado análisis
comparativos entre poblaciones diferentes o entre subgrupos de las mismas, a lo
largo de periodos de tiempo, y no ha podido demostrarse la existencia de una
asociación lineal estricta entre la prevalencia del asma y la prevalencia de la
atopía. La existencia de mecanismos paralelos posibilita explicar mejor la
naturaleza variable de esta enfermedad.
· Un estudio australiano ha
demostrado que la prevalencia del asma se incrementaba pese a que la atopía no
lo hacía en forma simultánea.
· En África,
varios trabajos han demostrado una menor prevalencia de asma, de asma
inducida por ejercicio y de rinoconjuntivitis, pese a que un enorme
número de personas presentaba niveles muy elevados de IgE. Paradójicamente los
niveles de IgE resultaban superiores entre los no-asmáticos. Para explicar esta
discordancia se recurrió a la “hipótesis parasitaria”, que
sostiene que la ocupación de la mayoría de los receptores de IgE por IgE
específica a parásitos, impedía la ubicación en los receptores de la IgE
específica para alergenos, y explicaría, biológicamente, la reducción en la
incidencia de estas enfermedades. Sin embargo otros
estudios han demostrado exactamente lo contrario, que las parasitosis
incrementan el riesgo de enfermedades asociadas a atopía, por activar y
mantener aceitada la maquinaria inmunológica mediada por IgE.